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Coexistencia entre la gran minería y la minería artesanal y a pequeña escala MAPE: el camino que estamos liderando en Colombia – Carlos Cante
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Coexistencia entre la gran minería y la minería artesanal y a pequeña escala MAPE: el camino que estamos liderando en Colombia

Coexistencia entre la gran minería y la minería artesanal y a pequeña escala MAPE: el camino que estamos liderando en Colombia

En los últimos años, desde el Ministerio de Minas y Energía de Colombia, hemos venido liderando un enorme cambio de paradigma en la forma como abordamos y entendemos la relación de los distintos tipos de operaciones mineras en el territorio.

Pasamos de ver la confrontación entre la minería a gran escala y la MAPE como algo inevitable a trabajar en nuevos esquemas que permitieran puntos de encuentro entre los distintos actores involucrados. A través de la combinación de herramientas innovadoras unas, y renovadas otras, nos la jugamos por algo que años antes era impensable: ver a las grandes compañías trabajando de la mano con quienes, de una u otra manera, quieren seguir derivando su sustento del oficio extractivo en épocas de posconflicto.

Este reenfoque resultaba indispensable, más aún cuando en la primera década de este siglo algunas acciones estatales contribuyeron a agudizar los conflictos regionales alrededor del oficio minero a causa de un pico histórico en titulación que, lastimosamente, incluyó también una exclusión sin precedentes de los mineros tradicionales.

El propósito de este blog es contar, desde una perspectiva técnica y social, cómo hemos hecho posible este radical cambio de enfoque que, día a día, nos brinda ejemplos de su aplicación exitosa a lo largo y ancho del territorio nacional.

¿Cuáles son estos novedosos instrumentos de los que nos hemos valido para lograr estos significativos avances? En términos generales se pueden clasificar en tres grupos: a) los de acceso a territorios para el ejercicio de la pequeña minería, b) los de impulso a la formalización y c) los de persecución frontal a las actividades delincuenciales.

En el primer grupo, de acceso a territorios para el ejercicio de la pequeña minería que garantiza que los pequeños mineros puedan trabajar al amparo de la legalidad, están: 1) los contratos de operación de pequeña minería; 2) los subcontratos de formalización minera; 3) las áreas de reserva especial de pequeña minería ARES, como paso previo a la titulación minera; 4) la cesión de áreas para la formalización, mediante la cual un titular minero puede poner a disposición de pequeños mineros un área que no es de su interés, para que estos trabajen en ella con su acompañamiento, y 5) la creación del Banco de Áreas de Formalización Minera, el cual posibilita la priorización de los pequeños mineros de una zona para el proceso de entrega de títulos que han sido caducados o a los que renunciaron sus poseedores.

En el segundo grupo, de impulso a la formalización, se incluyen: 1) las guías minero-ambientales, que hicieron posible la mejoría en prácticas extractivas aún antes de iniciar formalmente el licenciamiento; 2) la fiscalización diferencial, que hace posible un acercamiento a los mineros que vaya más allá del enfoque policivo y que incluye un acompañamiento para el cumplimiento progresivo de las normas de operación y 3) las acciones de acompañamiento multipropósito al ejercicio, mediante la articulación con instancias ambientales, académicas, financieras y de control con el fin de garantizarles a los pequeños mineros del país, a través de la formalización, mejor acceso a elementos indispensables para su actividad, que incluyen desde acceso ágil a explosivos hasta facilidades de financiación y de exportación de minerales sin intermediación.

En el último grupo, de persecución frontal a las actividades delincuenciales, se cuentan: 1) la posibilidad de incautación y destrucción de maquinaria pesada usada en extracciones ilícitas, que ha persuadido a múltiples mineros a entablar diálogos con el Estado en su búsqueda de diferenciar sus actividades de las de los grupos violentos y 2) la creación del Registro Único de Comercializadores –RUCOM– que está permitiendo ponerle freno a la práctica de los grupos delincuenciales de usar los registros de los mineros de subsistencia, o de otras personas incautas, para legalizar grandes cantidades de oro que, evidentemente, no se pueden extraer mediante “barequeo”.

Claramente, estos tres grupos de instrumentos confluyen sobre un propósito común: pensar no solo en términos de legalización, sino ampliar el foco en términos de formalización. En este nuevo enfoque siguen cabiendo las acciones coercitivas, de las que frecuentemente un Estado debe valerse, pero también tienen un lugar de privilegio las acciones innovadoras, que nos permiten trascender nuestra mirada a la minería de la aproximación simplista de un enfrentamiento inevitable entre los actores más grandes y los más pequeños. Las nuevas realidades y las soluciones que hemos venido implementando exitosamente nos demuestran que la coexistencia y la formalización de la MAPE son el mejor camino para combatir la explotación ilícita de minerales en nuestro país.

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